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RENDIMIENTO Y CANSANCIO CRÓNICO: ¿UNA PAREJA BIEN AVENIDA?

Actualmente, a poco que mires por las redes o incluso fuera de internet, el tema del rendimiento está presente en todas las salsas.

Más bien, ahora se habla de productividad y no de rendimiento propiamente dicho, aunque a efectos prácticos es el mismo perro, pero con distinto collar.

Ciertamente, tanto si trabajas por tu cuenta o como asalariado, este es un tema de suma importancia.

Productividad y competitividad, casi siempre van de la mano.

No olvides la competitividad que nos rodea, y que para bien o para mal, incluso ya se inculca a los niños; ¿cuántas veces no se intenta favorecer el aprendizaje mediante dispositivos electrónicos, sin ser muy conscientes de que un uso inadecuado de estos, genera más problemas que beneficios?.

Otro punto que no debe olvidarse en este contexto de productividad, es el que tiene que ver con los temas de salud laboral; se parte de la base de que el ambiente de trabajo es el adecuado (lo que reduce el estrés motivado por una mala dinámica  grupal) y el espacio de trabajo está diseñado de forma ergonómica (esto supone que los dolores y molestias derivadas de pasar muchas horas adoptando malas posturas disminuyen considerablemente).

Dando por hecho que los problemas que se acaban de mencionar están solventados, ese rendimiento es como un mantra que se repite de modo continuado.

Esta situación es así, te guste o no; por supuesto ese rendimiento llevado hasta el extremo tiene connotaciones a nivel de salud. No vamos a entrar en este tema, pues esto daría para otro artículo.

En este contexto, deberían tenerse muy presentes aquellas personas que sufren cansancio crónico, con independencia de su origen; la situación para ellos reviste un “pelín más de complejidad”.

Es una obviedad (ya empezamos con las obviedades) decir que tales personas, por su condición patológica, no pueden ser igual de productivas que otras personas sanas.

A veces ese ese cansancio crónico es muy limitante, planteando la disyuntiva de si en estas condiciones, los afectados podrían desarrollar una actividad laboral normal. Este también es otro tema, que da para un intenso debate, pero no es la finalidad de este artículo abordar este problema.

Siendo realistas, y “olvidando las más que posibles limitaciones” que causan los cuadros de cansancio crónico, ¿hay alguna forma de incrementar el rendimiento de los afectados?.

Esta es la pregunta que se va a intentar responder en esta revisión.

Bien, pues dicho todo esto, que da para meditar bastante, “entramos en harina”.

 

 

¿Qué es el cansancio crónico?

Definir el cansancio crónico no es fácil realmente, ya que no se trata de un cansancio que pueda atribuirse a causas tales como:

  1. Llevar una vida sedentaria.
  2. Seguir un régimen de alimentación inadecuado, con las consiguientes deficiencias vitamínicas y minerales.
  3. Levantarse muy tarde o no dormir bien.
  4. Escasa exposición a los rayos solares.
  5. Vivencia de situaciones estresantes.

En cualquiera de estas situaciones, descansar y tratar de no pensar durante un tiempo, suele ser suficiente como para que el cuerpo recupere su nivel de vitalidad habitual.

Sin embargo, hay otras situaciones en las que ese cansancio crónico no aparece como consecuencias de pesados esfuerzos o largos días de trabajo; en este caso, quienes lo sufren son personas que se levantan agotadas, y pasan así todo el día, con un cansancio que no se desvanece y al que se suelen unir otros síntomas, tales como:

  • Sensación de peso excesivo en cuerpo y extremidades.
  • Falta de energía, motivación y deseo sexual.
  • Problemas para lograr un sueño profundo y reparador.
  • Afectación del carácter: apatía, mal humor.
  • Problemas cognitivos, que tienen que ver con la concentración y la memoria.
  • Resfriados o infecciones frecuentes, que indican un debilitamiento del sistema inmune.
  • Dolores musculares, articulares, cefaleas, …
  • La realización de cualquier tarea es percibida por el afectado como algo para lo que se requiere un esfuerzo supremo.

Normalmente, este cuadro suele conducir a un diagnóstico de síndrome de fatiga crónica.

Sin embargo, hay otra patología, muy común también en mujeres al igual que la anterior, en la que predomina el dolor crónico, pero el cansancio continuado, también está presente; esta patología es la fibromialgia.

Fibromialgia

La fibromialgia se define como un problema de salud crónico caracterizado por la presencia de dolor y sensibilidad generalizada en articulaciones y músculos. Fue reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud en 1992.

Para que una persona sea diagnosticada como enferma de fibromialgia, debe cumplir los siguientes requisitos:

  • Dolor generalizado durante un mínimo de 3 meses en los 4 cuadrantes del cuerpo, incluyendo también la columna.
  • El dolor debe desencadenarse o su intensidad se debe incrementar cuando se efectúa una presión con los dedos en un mínimo de 11 de los 18 puntos sensibles localizados en diferentes zonas corporales.

Realmente se desconoce la causa de la fibromialgia, pero los resultados de las investigaciones actuales indican que en estos enfermos existirían cambios en la forma en que su cerebro procesa las señales de dolor. En este sentido, los estímulos que no producirían dolor en un individuo sano, sí lo provocan en el enfermo que sufre esta enfermedad.

Es ésta una patología que puede aparecer a cualquier edad, siendo más frecuente en las mujeres. Sin embargo los últimos datos sobre su frecuencia, indican que cada vez es mayor el número de hombres que la padecen. Clic para tuitear

Sus síntomas son muy variados e incluyen:

  • Cansancio extremo, dolor musculoesquelético, trastornos del sueño.
  • Intestino irritable, palpitaciones cardíacas, dolor de cabeza, dolor de la mandíbula.
  • Alteraciones en la visión, aumento de la sensibilidad, síndrome premenstrual, trastornos urinarios.
  • Dificultad para hacer ejercicio, problemas de equilibrio, entumecimiento y hormigueo.

A todos estos síntomas típicos de la fibromialgia, habría que añadir la dificultad para concentrarse y los trastornos del estado anímico (ansiedad y depresión, fundamentalmente).

Es evidente que el enfermo que sufre esta patología tiene numerosos factores en contra, que condicionan enormemente su rendimiento.

Ese menor rendimiento trasladado al ámbito laboral condiciona en gran medida sus ingresos, y en definitiva, su sustento. Evidentemente esta situación empeora los problemas de ansiedad y depresión que ya de por sí sufre el enfermo.

En la siguiente presentación interactiva, dispone de más información sobre esta patología.

 

Síndrome de fatiga crónica

¿Qué es el síndrome de fatiga crónica?

El síndrome de fatiga crónica, cuyas iniciales por las que también se conoce son SFC (síndrome de fatiga crónica), también recibe el nombre de encefalitis miálgica; es difícil de definir, pues se trata de un cuadro clínico complicado y bastante incapacitante.

Se distingue perfectamente de lo que sería un estado de fatiga transitoria o secundaria, fruto del estrés o de un trabajo excesivo, como ya se ha comentado inicialmente.

En el SFC aparece un cuadro de fatiga prolongada e inexplicable ante pequeños esfuerzos, ya sean estos físicos o mentales, que no mejora con el reposo. 

Es frecuente que la persona afectada ni siquiera pueda realizar sus actividades habituales.

No se trata de una patología nueva, pues ya en el siglo XIX se habló del denominado síndrome de DaCosta,  corazón del soldado o neurastenia.

El nombre de encefalitis miálgica, se le dio en el siglo XX, ya que se pensaba que muchos de estos cuadros, eran producidos por virus.

¿A quién afecta el síndrome de fatiga crónica?

Se cree que aproximadamente el 3% de la población mundial sufre este síndrome. Hay un claro predominio en la mujer respecto al hombre, siendo la proporción de 9:1.fatiga-cronica

Suele aparecer en personas con edades comprendidas entre los 20 y los 40 años, aunque también se han diagnosticado casos en adolescentes y en ancianos.

Por razas, los blancos son más afectados en comparación con otras razas o etnias.

Últimamente, tanto a nivel de atención primaria (el médico de cabecera), como a nivel de atención especializada (especialistas del hospital), se está observando un incremento en el número de personas afectadas por esta patología.

¿Qué causa la fatiga crónica?

El origen de este síndrome no está claro, aunque lo que sí se sabe es que no es una enfermedad psicológica.

Actualmente se admiten varias teorías para explicar por qué aparece esta patología:

  • Infecciones, principalmente de carácter vírico, existiendo algunos virus relativamente comunes, que parecen estar implicados en su aparición. Cuando la persona sufre una infección provocada por alguno de esos virus, parece “no terminar de recuperarse” de ese cuadro infeccioso, y a partir de ahí, se desarrollarían los síntomas de la fatiga crónica.

 

  • Alteración autoinmune que se produciría tras una infección vírica.

 

  • Estrés físico o emocional.

 

  • Alteración hormonal, fundamentalmente alteraciones endocrinas, que tienen que ver con la función tiroidea; en algunas pacientes se han descrito cuadros de endometriosis y dismenorrea.

 

  • Predisposición genética, ya que la fatiga crónica también se ha detectado en otros miembros de la familia.

 

  • Problemas dietéticos o nutricionales, según los cuales este síndrome se asocia a deficiencias de determinados nutrientes o incluso a alguna intolerancia alimentaria.

¿Cuáles son los síntomas propios del síndrome de fatiga crónica?

El síndrome de fatiga crónica suele presentarse de una forma bastante característica y homogénea.

En un paciente previamente sano, en un momento determinado, siente que le invade un estado gripal con una importante fatiga, que no mejora con el reposo y que empeora con el ejercicio.

Esta fatiga afecta al individuo en todas las esferas de su vida, viendo reducida su capacidad en un 50% y puede aparecer tras una actividad que requiera cierto esfuerzo físico o mental, aunque antes de la aparición de este síndrome el afectado hubiese podido desarrollar esa actividad sin ningún problema.

Para que pueda hablarse de este síndrome esa caída en el nivel de actividad debe durar como mínimo 6 meses; es un cansancio que no mejora con el sueño o el descanso y a veces, actividades tan “normales” como ir a un evento escolar del niño, ir a hacer la compra o incluso ducharse, puede llevar al enfermo a un estado de agotamiento tal, que le obligue a permanecer en cama durante días o semanas.

Esa fatigabilidad extrema, se acompaña también de otros problemas:

  • Dolores musculares y articulares generalizados.
  • Fiebre o febrícula; sudor, escalofríos y dificultad para adaptarse a cambios de temperatura.
  • Trastornos cognitivos que tienen que ver con el pensamiento y la memoria; estos problemas empeoran cuando la persona está de pie o sentado en posición vertical.
  • Dolor al tragar (técnicamente llamado odinofagia), nódulos linfáticos en cuello o axilas.
  • Problemas digestivos como el síndrome de intestino irritable e intolerancias alimentarias nuevas.
  • Dolores de cabeza, hipersensibilidad al sonido y a los olores fuertes.
  • Taquicardias, lipotimias, síncopes, …
  • Infecciones respiratorias recurrentes.
  • Molestias urinarias y genitales.
  • Alteraciones del estado anímico: depresión, ansiedad, problemas de autoestima e ideación suicida en algunos casos.
  • Trastorno del sueño, que hace que el afectado se despierte igual de cansado que si no hubiese dormido.

Este cuadro puede llegar a ser extremadamente incapacitante, impidiendo el desempeño laboral o académico hasta en el 85% de las personas afectadas.

Forma de diagnosticar el síndrome de fatiga crónica

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basándose en los síntomas que presenta el paciente.

Es un diagnóstico por exclusión, lo que supone hacer un diagnóstico diferencial con otras enfermedades que pueden generar un cansancio “similar” al de la fatiga crónica.

Ese diagnóstico diferencial se realiza para detectar que el cansancio extremo no es debido a:

  • Anemia.
  • Problemas con el tiroides, concretamente hipotiroidismo.
  • Fibromialgia.
  • Problemas endocrinos, como la insuficiencia suprarrenal.
  • Enfermedades autoinmunes.
  • Infecciones crónicas, tipo virus de la inmunodeficiencia humana (SIDA para entendernos), tuberculosis, brucelosis.
  • Alteraciones musculares.
  • Esclerosis múltiple.

Conviene recordar que no existe ningún marcador, que se pueda medir mediante una analítica de sangre o mediante cualquier otra prueba, y cuyo resultado indique que se trata de un síndrome de fatiga crónica.

Se suelen realizar algunas pruebas de imagen como ecografías, TAC, electromiograma, …, para diferenciar con algunos tipos de tumores. Igualmente se realiza una valoración psicopatológica para diferenciar un posible cuadro de ansiedad o depresión, que pudiese ocasionar un sintomatología parecida.

Así pues, el diagnóstico es clínico (basado en la sintomatología del paciente) y teniendo en cuenta los criterios que establece la Academia Nacional de Medicina de USA.

Tratamiento del síndrome de fatiga crónica

A día de hoy no existe ningún tratamiento curativo para esta patología; esa es la realidad.

Esta enfermedad es invalidante para muchas esferas de la vida de la persona, a lo que se une que no siempre es bien comprendida ni por los sanitarios, ni tampoco a nivel social o familiar; esto implica que a los síntomas de la enfermedad en sí, hay que unir el sufrimiento psicológico que ello conlleva; no hay que olvidar, que en determinados ámbitos o para determinadas personas, es una enfermedad estigmatizante (¡ya estamos con el cansancio otra vez!).

Dicho esto el tratamiento incluye básicamente 3 pilares:

  • Psicoterapia, orientada a la situación de cada paciente.
  • Ejercicio físico progresivo y controlado.
  • Farmacoterapia, incluyendo antidepresivos, ansiolíticos y analgésicos.

Algunos autores recomiendan reposo y relajación.

En la siguiente presentación interactiva, dispones de mayor información sobre esta enfermedad.

 

Productividad y gestión del tiempo: la importancia de los hábitos

En la sociedad actual, y a ti también te habrá pasado, todos andamos metidos en una vorágine diaria en la que vamos corriendo de un sitio para otro, intentamos realizar mil tareas y no tenemos tiempo para nada. Nos estresamos y si analizamos lo que hemos hecho ese día, probablemente nos quedemos “maravillados” al comprobar que no hemos parado en todo el día y no hemos hecho ni la mitad de las cosas que teníamos previsto realizar.

Esa vorágine y ese estrés tienen su mejor espejo en el mundo laboral.

Tanto si trabajas como asalariado, o bien como autónomo, es fundamental que sepas gestionar adecuadamente tu tiempo. Esto te permitirá que logres alcanzar los objetivos que te hayas propuesto y, además tengas tiempo libre para disfrutarlo como te apetezca.

Un buen rendimiento pasa por una planificación de las diferentes tareas que tengas que realizar, distinguiendo entre lo que son tareas prioritarias y tareas secundarias.

Se consideran tareas prioritarias aquellas, que desde la perspectiva laboral o empresarial, te va a reportar mayores beneficios.

El resto, son tareas necesarias también, pero no requieren el mismo grado de dedicación o concentración.

Así pues, las tareas prioritarias deben programarse para realizarlas a primera hora de la mañana, pues son tareas que implican una mayor dedicación y debes llevarlas a cabo cuando tienes “las pilas totalmente cargadas”.

El resto de tareas según su importancia, se planificarán para realizarse a lo largo de la jornada laboral, de modo que las tareas más “livianas” que requieren menos concentración y menos energía, las dejes para el momento de la jornada en el cual las “pilas están casi agotadas”.

A grandes rasgos este es el método que propone José Mª Villarmea, formador en productividad personal; es lo que él denomina “método Take Action“.

Sin embargo, otros profesionales de este mismo sector, señalan que los biorritmos no son idénticos para todos los seres humanos, de modo que hay personas con una mayor energía a media mañana. Este sería el momento idóneo para la realización de las “tareas más pesadas” por la carga energética que consumen.

Otro aspecto que resulta fundamental de cara a incrementar la productividad personal es la concentración; hay 2 factores que interfieren en esa concentración:

  • Las interrupciones (provienen del medio que te rodea).
  • Las distracciones (proceden de ti mismo).

El control de las interrupciones y de las distracciones se traduce en una mayor concentración y una mayor productividad, evidentemente.

Es obvio que esa planificación de tareas requiere del establecimiento de unos hábitos, y para establecer dichos hábitos lo primero que se necesita es voluntad, en definitiva, motivación.

 

La técnica Pomodoro

La denominada técnica Pomodoro se utiliza para llevar a cabo tareas que requieren cierta cantidad de tiempo y cierto nivel de concentración. En el siguiente vídeo se explica cómo funciona:

Otra de sus utilidades es para favorecer la concentración en adolescentes y, de este modo, conseguir que tengan un mejor hábito de estudio. Clic para tuitear

Con independencia de que sea utilizada en población adulta o adolescente, la técnica consiste en centrar la atención en una determinada actividad durante 25 minutos (para ello se suprimirán todas las posibles fuentes que puedan interferir en dicha concentración), trascurridos los cuales existe un período de descanso aproximadamente de 5 minutos, tiempo éste que puede ser usado para distraerse, relajarse, consultar el móvil, …

El tiempo evidentemente se cronometra con un reloj o con alguna aplicación de móvil.

Cada 4 pomodoros (períodos de 25 minutos de total concentración) tiene lugar un descanso más largo, con una duración aproximada entre 15 y 30 minutos.

Esta técnica ha resultado ser efectiva en adolescentes y en población adulta para realizar determinadas tareas.

 

Conclusiones

En pacientes con fibromialgia o síndrome de fatiga crónica, los cuales como ya te he indicado se cansan con suma facilidad, una de las técnicas más adecuadas para mejorar su rendimiento es la técnica de Pomodoro, según señala el experto José Mª Villarmea.

En estos enfermos los períodos de más energía no corresponden precisamente con la primera hora de la mañana.

Por lo tanto, el enfermo debe “estudiarse a sí mismo” y comprobar en qué momento del día es cuándo tiene más energía, para precisamente entonces efectuar las tareas que requieren una mayor concentración.

La planificación de las actividades a realizar, es sumamente útil para incrementar la productividad en población sana.

Sin embargo, no siempre es aplicable en estos enfermos, pues su estado (su nivel de cansancio) puede cambiar radicalmente de un día para otro.

Otro de los problemas que se plantean en quienes padecen alguna de estas patologías, es el hecho de que si por cualquier circunstancia someten su cuerpo a un nivel de actividad mayor del habitual, ese esfuerzo extra les va a pasar factura en forma de más cansancio y/o más dolor.

En definitiva, lo ideal es que estos enfermos se habitúen a una rutina de trabajo (sí, has leído bien, he escrito rutina). Esta rutina debe ser acorde con sus posibilidades y sus momentos de mayor energía. Esto les debe permitir mejorar el aprovechamiento de su tiempo y ser más productivos, en la medida que las limitaciones impuestas por la enfermedad se lo permitan.

Una última pregunta que yo me planteo es si realmente un enfermo en esta situación, es lo suficientemente productivo cómo para desarrollar una actividad laboral normal.

La respuesta te la dejo a ti, que has tenido la paciencia suficiente como para leer el artículo en su totalidad.

 

 

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Adela Emilia Gómez Ayala. Farmaceutica

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"Farmacéutica, que haciendo uso de las nuevas tecnologías ofrece consejos de salud y atención personalizada, siempre bajo el lema "ayudando a mejorar tu calidad de vida a través de la web""

14 comentarios en “RENDIMIENTO Y CANSANCIO CRÓNICO: ¿UNA PAREJA BIEN AVENIDA?”

  1. Adela, sin duda cualquiera de los métodos explicados es aplicable incluso a las personas no enfermas, a mi me recuerda a mis temporadas de falta total de hierro, en las que me cuesta todo mucho trabajo, pero que sin embargo es al medio día cuando veo que remonto un poco.

    Muy acertada la relación cuerpo-mente trabajo, ya que muchas veces es la organización la que no ayuda nada. Enhorabuena por el proyecto, a partir de ahora estaremos muy bien informamos.

    Un abrazo

    Raquel

    Responder
    • La falta de hierro, la tradicional anemia de toda la vida, cuando se prolonga en el tiempo, genera un cansancio impresionante, lógico pues no llega oxígeno a las células para poder funcionar, y resultado, cansancio insufrible. En este caso, tu mente te manda un montón de proyectos por hacer, pero tu cuerpo te dice, que flores, que no puede y ciertamente, se genera una situación de estrés, que no ayuda a mejorar el cuadro. Aunque, dentro de lo malo, la anemia (salvo que se trate de una enfermedad de tipo genético, alguna enfermedad rara), se soluciona, a base de hierro y constancia en el tratamiento.

      Otras patologías como las que yo comento, desgraciadamente tienen un carácter crónico, aunque bien es cierto, que hay épocas de mejoría y épocas peores.

      Por supuesto, la relación cuerpo-mente, es un hecho más que contrastado. Los problemas mentales, estrés, depresión, si no se manifiestan abiertamente por la razón que sea, acaban pasando factura a tu cuerpo. La teoría de la psiconeuroinmunología, es un concepto más que aceptado por la comunidad médica en general (si te interesa el tema, dímelo y puedo tenerlo en cuenta para un futuro post).

      En cualquier caso, una persona que por la patología que sea sufre un cansancio casi habitual, el rendimiento lo tiene difícil; la técnica Pomodoro en la medida que segmenta el esfuerzo en pequeños bloques ayuda a mejorar ese rendimiento.

      Responder
  2. Hola Adela,

    ¡Qué emoción leer tu artículo! Primero, mil gracias por la mención.

    Y después, decirte que me ha encantado tu forma de exponer el tema, enlazándolos con otros tan candentes siempre como lo son los hábitos y la productividad.

    Me encantan tus consejos, porque como dice Raquel, por unos motivos u otros, nuestro cuerpo siempre, o al menos el mío, tiene temporadas en las que me encuentro mucho más floja, pero en las que necesito seguir adelante y controlar, en la medida de lo que se pueda, la fatiga o el cansancio.

    Aplicaré todo lo que nos explicas y ya estoy deseando seguir leyéndote más 🙂

    Un saludo enorme.

    Responder
    • La mención no tienes que agradecérmela, pues fue así, tal como lo cuento en el artículo; el agobio de entrar en un mundo que yo desconozco por completo, querer llegar a todo, ver que no podía, y entonces encontré tu entrevista a Jose María Villarmea. El tema me interesó porque hay mucha gente con cansancio crónico, por temas diversos, y entonces hablé con Jose María y ya él me orientó sobre como mejorar la productividad con el método que comento en el artículo.

      Y a partir de ahí, dije pues ya tengo el post. Pensaba en el estrés que sufre alguien que trabaja para otra persona o empresa, la cual le exige un determinado rendimiento, y su cuerpo no da más y como esa falta de rendimiento puede conllevar un despido y más en los tiempos que corren, y me pareció que podría ser un tema interesante para ayudar a quienes sufren estos problemas.

      Gracias a ti y a todos los que se pasan por mi blog y se interesan por mis contenidos.

      Responder
  3. Hola Adela,

    ¡Qué importante es escuchar a nuestro cuerpo, y hacer caso a nuestras emociones, para tratar de entender y actuar en consecuencia! ¡Pero si no paran de mandarnos señales!
    Creo que la mayoría de las veces no lo hacemos y esto hace que retrasemos una posible solución.

    Con la gestión del tiempo ocurre lo mismo. En mi caso: hay momentos en los que en vez de atender un dolor, o una simple tensión, sigo el mismo ritmo. Esto hace que, con el paso de las horas, y como no estoy al 100%, mi productividad se venga abajo; entonces me agobio porque tenía que haber hecho muchas más cosas de las que he hecho y, así, sucesivamente. Voy enlazando un desastre tras otro… Al final no descanso, porque estoy con la cabeza en mil cosas, y empiezo el día siguiente a medio gas…

    Con lo fácil que hubiera sido si hubiera empezado por atender a la señal que me mandaba mi cuerpo. Me habría ahorrado mucha energía y seguro que hubiera estado en forma mucho antes.

    Afortunadamente, cada vez me pasa menos pero no termino de tenerlo controlado.

    Un abrazo

    Responder
    • Buenas tardes Amaya.

      No has podido describir mejor la situación que se produce cuando no se tienen unos hábitos y una rutina de trabajo, y por supuesto, las señales de nuestro cuerpo, directamente se ignoran. Resultado la debacle, mayor o menor en función de la situación concreta.

      Me alegro de que poco a poco vayas consiguiendo establecer esos hábitos, que te harán ser más productiva y tener más salud.

      Gracias por comentar.

      Responder
  4. Muy interesante el artículo. Creo que es muy importante unos hábitos de trabajo, pero no solamente para las personas que puedan sufrir alguna de estas enfermedades u otras, sino para todo el mundo. Cuando tenemos unos buenos hábitos y una buena rutina de trabajo, se consiguen mejores resultados.

    Responder
    • Buenas tardes Alicia.

      En efecto los buenos hábitos y la rutina de trabajo son básicos para ganar en productividad. Aunque también es cierto, que hay personas que oyen o leen la palabra “rutina” y les da como una cierta alergia, un sarpullido, y salen huyendo de esa rutina de trabajo como alma que lleva el diablo.

      Gracias por tu interés.

      Rechazar | Responder | Edi

      Responder
  5. ¡Hola Adela!

    Me ha parecido muy interesante tu post, y me ha aclarado algunas dudas que tenía sobre la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica (que de hecho yo creía que eran sinónimos).

    Imagino que si para una persona que no padece de estas patologías ya es complicado a veces hacer una gestión óptima del tiempo, para una persona con fibromialgia/síndrome de fatiga crónica debe ser aún más frustrante y difícil.

    Creo que ante la gestión del tiempo lo mejor que podemos hacer como ya han dicho por aquí es escuchar a nuestro cuerpo. Conocer nuestras limitaciones y saber cuando necesitamos parar a descansar es vital si queremos preservar nuestro equilibrio. No se trata de ambicionar hacer muchas cosas a costa de nuestra salud, creo que es preferible ir haciendo pequeños avances diariamente para no resentirnos en el futuro.

    Gracias por tu post.

    Un abrazo,
    Mar

    Responder
    • Me alegra saber que mis posts sirven para aclarar dudas o contribuir a la educación sanitaria de la población.

      Gracias.

      Responder
  6. Antes que nada te felicito mucho!!! se lo importante que es este paso.. así que todos mis deseos de mucho éxito!!

    Y bueno, que importante todo lo que acabo de leer, me hiciste reflexionar, yo soy florista desde hace 16 años ya, lo últimos dos años le baje el ritmo porque mis manos a veces no podían ni sostener un vaso, llegue al punto de no poder ni cambiar de ropa a mis hijas.

    Eso mermo mi rendimiento en el trabajo, y muchas veces abuse, es la verdad, ponía a alguien que me cortara las flores para yo poder seguir armando los arreglos, y cuando se negaban a ayudarme, por mi misma inconsciencia lo hacia yo, y el dolor ya te has de imaginar, era inaguantable.

    Pensé que tenia artritis, me hice estudios y nada, pero yo hasta mis dedos los veía ya deformes, es más hasta la fecha según yo los tengo chuecos.

    Un día lleve al pediatra a mi bebé, cuando el doctor me vio me puso una regañada, y me dijo que si no descansaba me iba a hospitalizar a la fuerza, me medico (el pediatra de mis hijas imagina hasta que punto estaba), una vitaminas, mucha agua y unos días de descanso.

    Claro que mi irresponsabilidad me llevo a no hacerle caso, me tome la medicina, pero no descanse…

    Hasta que un día desperte en la sala de urgencias y no supe ni como llegue ahí, resulta que estaba montando una Boda y me desmaye.

    No te voy a decir que le baje al ritmo en ese momento, no. Pero la idea de enfermar por querer hacer todo al mismo tiempo, y no poder estar con mis hijas me hizo reaccionar. Hoy día mis manos me siguen molestando, sobre todo cuando me toca trabajar con flores, que ya lo hago menos, pero cuando estoy escribiendo en la compu todo el día, en la noche no las aguanto.

    Tengo días que no siento dolor, pero hay noches que no puedo dormir del dolor de las manos.

    Así que después de leerte me quiero cuidar…

    Gracias Adela, de verdad!

    Responder
    • Antes que nada decirte que me alegra saber que mis artículos sirven de ayuda a otras personas, lo cual para mí ya es una gran satisfacción.

      Dicho esto, no te quepa la menor duda, de que cuando sometemos a nuestro cuerpo a un mayor trabajo o esfuerzo del que este puede resistir, llega un momento, en que dice ¡BASTA!. Las consecuencias cuando tu cuerpo te dice algo así, son bastante demoledoras. Tú misma lo has dicho, no haces caso, porque tu mente te sigue diciendo tengo que trabajar, tengo que trabajar, … hasta que un buen día te das cuenta, de que ya las consecuencias de tanto escuchar a esa mente frenética, son lo suficientemente graves como para decir, vale, tengo que descansar y cuidarme más, porque al fin y al cabo, por mucho que trabaje, cuando muera, no me voy a llevar nada “para el otro barrio”.

      Y en efecto es así, con independencia de que se padezca alguna patología que conlleve un cansancio habitual (como son las dos que yo cito en el post), lo importante no está tanto en trabajar muchas, muchísimas horas. Se trata de que nuestras horas de trabajo sean realmente productivas; y eso pasa por tener (si no los tienes habrás de desarrollarlos) unos hábitos que nos permitan maximizar nuestro rendimiento y por supuesto, distinguir lo que realmente es urgente, de lo que es importante. Es obvio, que habremos de organizarnos para que lo urgente lo hagamos en aquellos momentos del día en que nuestro rendimiento o energía sean máximos; mientras que lo importante, podemos posponerlo para horas de menor energía o incluso, delegarlo en otra persona.

      Gracias por tu comentario.

      Responder
  7. Hola Adela. Me ha gustado mucho tu forma de describir estas enfermedades, con sus semejanzas y sus diferencias. A mí me llaman muchísimo la atención estas dos en particular. ¿Cómo es posible que estemos dando a luz a este tipo de enfermedades “nuevas”? ¿Qué está ocurriendo realmente en nuestro entorno para que se den? Me da mucho que pensar, la verdad, y no me refiero a desconfiar de las personas que las padecen, creo sinceramente que su dolor es real… Bueno, dejo ahí la ingognita.
    Muy interesante tu blog, tengo que pasarme más a menudo, un saludo!
    Cristina

    Responder
    • Gracias por tu comentario Cristina.

      La verdad es que su origen es confuso; en el caso de la fibromialgia, sí se ha visto que hay una alteración genética sobre la que evidentemente actuarían los factores ambientales, como en todas las patologías. Quizá el mundo de hoy, mucho más estresante que el de nuestros abuelos, los avances de la tecnología, la mayor importancia que se le da al bienestar y a tener salud, la mayor educación sanitaria de la población, puedan incidir en el reconocimiento de estas enfermedades.

      No olvidemos, que hasta hace relativamente poco, las personas con estas patologías, en las que se ha observado que hay una menor tolerancia al ejercicio, eran calificadas simple y llanamente de vagas y gandulas, por no utilizar otros calificativos más fuertes.

      En cualquier caso, al menos desde mi punto de vista, lo que importa es que cada vez se tenga un mayor conocimiento sobre estas patologías, y sobre todas en general, para reducir el sufrimiento de quienes las padecen y mejorar su calidad de vida.

      Un saludo

      Responder

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