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LA HIPOTENSIÓN ARTERIAL TAMPOCO ES BUENA: ¿LO SABES?

Hablar de hipotensión o tensión arterial baja, no suele provocar en quien la padece, el mismo nerviosismo que se asocia a la hipertensión.

¿Y por qué?

Pues la respuesta es sencilla: para mucha gente, tener la tensión baja es “casi equivalente” a disfrutar de un seguro de vida en lo que al riesgo de muerte por problemas cardíacos, se refiere.

Ya analizamos la hipertensión en un artículo, donde se abordaron todas las consecuencias y los síntomas asociados a esta afectación.

En el caso de la hipotensión, no puede decirse que el riesgo de complicaciones cardiovasculares sea el mismo, pero es bien cierto que la tensión baja se asocia a diferentes síntomas y problemas de salud, que es necesario conocer y evitar siempre que sea posible.

Una persona con la tensión baja difícilmente morirá de infarto; en cambio, el riesgo de traumatismo craneoencefálico (abrirse la cabeza, para entendernos) con todas sus consecuencias, debido a un mareo, fruto a su vez de la hipotensión, es una realidad.

Y como siempre digo, ¡ojo con las cosas naturales y las hierbas de toda la vida que con poco trabajo hacemos un pan como unas tortas! Ya hablamos de los riesgos derivados de volver a la naturaleza.

No sigo abundando en el tema para no repetirme.

En definitiva, el primer paso para tener una buena salud, es informarse, y no en cualquier parte, sino en fuentes fiables.

Por lo tanto, y sin dar más vueltas, te invito a que leas este artículo.

 

¿Cuándo se considera la tensión baja?

Antes de definir qué se considera tensión baja, conviene recalcar que conceptos básicos, tales como tensión arterial y relación de ésta con las pulsaciones, ya explicados al hablar de la hipertensión, son necesarios para entender también la hipotensión y sus consecuencias.

Esto ya lo tienes en el artículo dedicado a la hipertensión, por lo que es absurdo incluirlo aquí otra vez.

Se habla de tensión arterial baja cuando la tensión arterial sistólica (la máxima) es inferior a 90 mm Hg (milímetros de mercurio) o la tensión arterial diastólica (la mínima) es menor de 60 mm Hg, lo que equivale a decir 9 / 6.

Así pues unas cifras de tensión inferiores a 9 / 6 permiten diagnosticar una situación de hipotensión. Clic para tuitear

Por supuesto, y esto también se dijo en el artículo al que me acabo de referir, siempre será el médico quien establezca el diagnóstico.

Hay que tener en cuenta que para que una medición de la tensión arterial sea fiable, dicha medición debe hacerse en unas determinadas condiciones (ver hipertensión si es necesario).

  • En este sentido, no es lo mismo tomar la tensión en ayunas, que tomarla después de comer; en el primer caso, la tensión será más baja y en el segundo, más alta. Ni en ayunas (aun siendo más baja) puede hablarse de hipotensión, ni después de comer puede decirse que haya hipertensión.

Es fundamental tener en cuenta, factores como los que se acaban de citar.

Para acabar este apartado, señalar únicamente que:

la definición de hipotensión se corresponde con aquella situación en la cual los valores tensionales (tomados de forma adecuada) son menores de 90 / 60 mm Hg

 

¿Qué causa la hipotensión?

La tensión arterial permite que la sangre bombeada por el corazón llegue a las diferentes zonas del organismo, aportando oxígeno y nutrientes, y recogiendo dióxido de carbono y sustancias de desecho.

Una bajada en la presión sanguínea (o tensión arterial) supone que a las distintas zonas del organismo, no va a llegar la sangre que es necesaria para el buen funcionamiento del cuerpo, y esto lógicamente va a generar diferentes problemas de salud.

La cantidad de sangre existente en el organismo, el funcionamiento del corazón y la capacidad de contracción de los vasos sanguíneos son los 3 factores clave para mantener la tensión arterial en valores normales. Clic para tuitear

Así pues, cualquier causa que actúe, de una forma u otra, sobre los factores ya citados, va a afectar a la presión sanguínea.

En este sentido, como agentes capaces de provocar una hipotensión, se incluyen todos aquellos, que:

      • Provoquen modificaciones en el diámetro de las arterias pequeñas, más conocidas como arteriolas; las variaciones en el diámetro de las venas también puede ser motivo de hipotensión, aunque comparadas con las arterias, su importancia es menor.
      •   Modifiquen la cantidad de sangre que el corazón bombea hacia el resto del cuerpo, lo que técnicamente se conoce como gasto cardíaco.
      • Afecten al volumen de sangre que circule por los vasos sanguíneos.
      • Alteren la posición del cuerpo.

Más información sobre estos puntos, en el siguiente esquema interactivo:

 

En definitiva, existen una serie de situaciones, enfermedades y medicamentos, que actuando sobre algunas de las vías que se acaban de citar, van a generar una hipotensión:

  • Fármacos: ciertos antidepresivos tricíclicos, antihipertensivos (bloqueadores de los canales de calcio, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, antagonistas de los receptores de la angiotensina II), diuréticos, antiparkinsonianos, medicación para combatir la disfunción eréctil (especialmente cuando estos fármacos se combinan con la nitroglicerina), …
  • Enfermedades endocrinas: patologías que afectan al tiroides, patologías que afectan a los niveles de azúcar en sangre (hipoglucemia, diabetes, …), …
  • Cuadros causantes de importantes pérdidas de líquidos: ejercicio físico extremo, sudoración (exposición al sol, fiebre, …), vómitos y diarreas.
  • Alimentación inadecuada capaz de generar una anemia.
  • Reacciones alérgicas severas, con independencia de que sean producidas por alimentos, fármacos, venenos de insectos, látex.
  • Ingesta de alcohol (el cual tiene un efecto depresor sobre el sistema nervioso).
  • Enfermedades que afecten al corazón: arritmia, infarto, afectación de las válvulas cardíacas (técnicamente conocidas como valvulopatías), insuficiencia cardíaca, embolia pulmonar, …
  • Septicemia, consistente en la presencia de microorganismos patógenos en sangre; se trata de una infección generalizada y grave, que ocurre a partir de un foco infeccioso existente en una zona determinada del cuerpo. Este cuadro suele causar descenso del flujo sanguíneo y de la presión arterial. Habitualmente se asocia a unos elevados índices de mortalidad.

 

  •  Pérdidas de sangre (bien sean debidas a traumatismos o como consecuencia de hemorragias internas), las cuales generan una rápida bajada de tensión, que de no ser solucionada de inmediato, puede ser mortal.
  • Embarazo, el cual también provoca disminución de la tensión arterial, fundamentalmente durante el segundo trimestre. Esta hipotensión es debida a que el sistema circulatorio de la madre tiene que funcionar con mayor rapidez, pues debe cubrir los requerimientos de la embarazada y los del feto.

A continuación, veremos dos tipos de hipotensión, bastante comunes y que conviene conocer, al menos para distinguir entre tecnicismos médicos  y simples insultos.

¿Qué es la hipotensión idiopática?

La hipotensión idiopática, también se conoce como hipotensión primaria, esencial o constitucional.

Su principal característica es que el origen es desconocido, a diferencia de la hipotensión secundaria, la cual obedece a causas tipo infección, hemorragia, arritmia, deshidratación, infarto, diálisis, embarazo, …

En la hipotensión primaria, los factores genéticos, el peso corporal y la actividad física parecen estar implicados en su aparición. Clic para tuitear

La hipotensión idiopática es más habitual en mujeres jóvenes y de constitución delgada.

¿Qué es la hipotensión postural?

La hipotensión postural, también conocida como hipotensión ortostática, se define como la incapacidad del cuerpo para regular la presión arterial rápidamente.

Se produce cuando la persona cambia de posición, pasando de estar sentada o tumbada, a ponerse de pie.

La persona que la sufre tiende a sentirse mareada o aturdida, aunque es una sensación que dura apenas unos segundos.

Existe riesgo de desmayo, con la consiguiente caída.

Cuando esta sensación ocurre dentro de los 15 segundos que siguen al cambio de postura, se considera una hipotensión ortostática inicial, relativamente común en jóvenes y, por lo general, no implica gravedad.

En personas de mayor edad, deshidratadas, enfermas o embarazadas, esta caída de la presión arterial se mantiene durante más tiempo; en estos casos, puede que tras este problema exista algún trastorno más severo, por lo que conviene consultar con el médico, si esta situación se repite con frecuencia.

A veces ocurre en personas sanas, fundamentalmente después de comer, en cuyo caso se habla de hipotensión ortostática postprandial. Es debida a que el corazón está bastante relajado y la sangre suele concentrarse en el aparato digestivo.

Más información en el siguiente vídeo.

 

¿Qué síntomas da la tensión baja? 

Los síntomas de hipotensión pueden ser muy distintos en función de cada persona.

Los más habituales incluyen:

  • Mareos, desmayos y visión borrosa.
  • Debilidad muscular y cansancio, aunque se hagan pocos esfuerzos.
  • Dificultad para respirar, con sensación de falta de aire.
  • Dolor de cabeza (técnicamente llamado cefalea) leve, pero mantenida a lo largo del día.
  • Rigidez y dolor en el cuello.
  • Inestabilidad al caminar, con vértigos y pitidos en los oídos (técnicamente llamados acúfenos).
  • Nauseas y vómitos.
  • Palidez que afecta a la piel, los labios y la conjuntiva.
  • Sueño alterado.
Existen situaciones de hipotensión baja extrema, que conllevan un riesgo para la vida del paciente; en estos casos es necesario buscar ayuda médica urgente. Clic para tuitear

Esto ocurre en presencia de:

  • Respiración rápida y poco profunda.
  • Confusión, principalmente si el afectado es un anciano.
  • Pulso débil y acelerado.
  • Piel fría, húmeda y pálida.

Más información sobre los síntomas de una hipotensión, en el siguiente vídeo:

Al hablar de los síntomas de la hipotensión, es muy común incluir problemas tales como mareos, desmayos e incluso vértigos, pero ¿realmente son lo mismo?.

En este vídeo tienes la respuesta:

¿Cómo subir la presión arterial? 

Si la hipotensión no causa síntomas, o estos son leves, por lo general no es necesario tratamiento.

Ahora bien, dependiendo de la causa que provoque la bajada de la tensión arterial, hay casos en los que es conveniente actuar sobre la misma.

Por lo tanto, de entrada, el tratamiento será siempre individualizado, considerando la sintomatología y otras características propias de la persona afectada.

Obviamente, no es lo mismo un cuadro que tiene lugar en una mujer joven, que habitualmente suele tener la tensión baja, que aquel otro que se produce por ejemplo, en un anciano tras varios días aquejado de problemas digestivos que le producen vómitos y diarreas o con importantes pérdidas de líquido.

Ante un cuadro de hipotensión con un rápido descenso de la tensión, asociado a un shock, el paciente requiere atención médica urgente, con administración de sueros o sangre por vía intravenosa, e incluso ciertos fármacos que ayuden a subir dicha tensión.

Hay otros casos en los que la tensión baja aparece como consecuencia del consumo de determinados medicamentos para tratar otras dolencias que pueda tener el paciente. En este caso, la revisión del tratamiento farmacológico, es fundamental:

  • Una opción posible es disminuir la dosis de medicamento; esto es algo que suele hacerse cuando la persona está en tratamiento con diuréticos, lo cual hace que aumente la producción de orina y disminuya la cantidad de líquido presente en el organismo.
  • En otros casos, puede que la opción sea sustituir el fármaco causante de hipotensión por otro que no genere este problema, siempre que sea posible hacer esta sustitución sin que el remedio sea peor que la enfermedad.

Es una obviedad (seguimos como de costumbre), que esta revisión del tratamiento medicamentoso del paciente, debe hacerla el médico o el farmacéutico.

Entre los remedios naturales, se incluye la utilización de plantas medicinales, como la salvia o el ginseng, ya sea administrado como suplemento o en infusión. El uso de plantas medicinales habitualmente plantea 2 problemas: por un lado, su efectividad no siempre está respaldada por estudios científicos de calidad y, en otros casos, dichas plantas generan numerosas interacciones con otros medicamentos que pueda estar tomando el paciente.

En definitiva, si se van a utilizar plantas medicinales, consultar igualmente con el médico o con el farmacéutico.

¿Cómo se trata la hipotensión ortostática?

La hipotensión ortostática, como ya habrás leído, se produce al pasar de una posición en la que se está sentado, tumbado o en cuclillas y, rápidamente, la persona cambia de postura y se pone de pie.

Una de las formas de evitar esta bajada de la tensión, con el consiguiente mareo y sensación de malestar que la acompaña, es levantándose pausadamente, con lo cual se asegura que el corazón tiene tiempo suficiente para reajustar los niveles tensionales y así, llega sangre a la cabeza con suficiente presión. De esta forma, esa sensación de vahído, no se produce.

Hay otras situaciones en las que la persona con este problema de hipotensión ortostática, presente además, trastornos en la circulación sanguínea, como ocurre por ejemplo, en presencia de varices.

En este caso, una forma de paliar este problema es recurriendo a las medias de compresión elástica, gracias a las cuales se reduce el estancamiento de la sangre en las piernas y en la zona baja del cuerpo. Clic para tuitear
hipotensión-medias

Las medias pueden ejercer mayor o menor presión; en este sentido, existen medias de compresión ligera, normal, fuerte o muy fuerte. Siempre será el médico quien determinará el tipo de compresión más adecuado para ese paciente en concreto.

 

¿Cómo evitar la hipotensión arterial? 

Al abordar las causas de la tensión baja, vimos que esta podía deberse a varios factores.

Para empezar, si tras la hipotensión hay una enfermedad de base, la forma de evitar esa tensión baja, es tratando esa patología.

Como recomendaciones generales para evitar la caída de la tensión arterial, se deben tener en cuenta las siguientes:

  • Mantener un buen nivel de hidratación, tomando líquidos frecuentemente; puede ser recomendable añadir un poco de sal al agua, ya que el sodio favorece la retención de líquidos.

En este caso, lo que se pretende con la sal, es incrementar el volumen de sangre circulante; esta recomendación es totalmente contraria a la que se da en caso de hipertensión.

  • Realizar ejercicio físico, no evidentemente durante las horas de mayor calor, y terminada la actividad física, conviene consumir líquidos para reponer las pérdidas producidas por el sudor.
  • Evitar permanecer muchas horas de pie, sentándose cuando sea posible y elevando las piernas para favorecer el retorno de sangre a través de las venas.
  • El consumo de té, café o chocolate negro, también es aconsejable por su efecto estimulante, aunque siempre con moderación.
  • Comer mayor cantidad de frutas frescas y verduras, dada su riqueza en agua y en sales minerales.
  • Incluir alimentos tipo plátano, patata, yogur o pescado, los cuales contienen importantes cantidades de potasio. De esta forma se mejora el equilibrio sodio-potasio.
  • Evitar, o cuando menor reducir, el consumo de alcohol, ya que este tiene un efecto depresor sobre el sistema nervioso, y no ejerce ningún efecto favorable sobre la salud.
  • Comer más veces al día, en menor cantidad, para conseguir que el metabolismo esté activo.

En algunos casos más severos, puede que se necesite medicación para evitar la bajada de la tensión, pero aquí siempre intervendrá el médico.

Más información en el siguiente artículo: “Consejos para la hipotensión”.

 

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