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PANTALLAS, EDAD Y CONSECUENCIAS

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Este es uno de los primeros artículos de este año 2019, y justamente más de uno estará disfrutando de ese dispositivo electrónico que le habrán regalado: móvil, tablet, ordenador, televisor o similar.

Estos aparatitos son el objeto de deseo de un importante porcentaje de la población, y no entro en que esto esté bien o mal.

Para gustos están los colores.

Dicho esto, no me negarás que tales aparatos, más o menos complejos, también hacen las delicias de los niños, y parece como si cada vez, los “descubriesen” a una edad más tierna.

A día de hoy, ¿qué niño de 10-11 años no tiene un móvil? Y muy probablemente de última generación y a ser posible de marca, iphone ya puestos.

Si me lees habitualmente, probablemente recuerdes un artículo dedicado a los males derivados del uso inadecuado y compulsivo de los teléfonos móviles.

En dicho artículo se hacía especial hincapié en los problemas que el mal uso ocasiona, principalmente en los adolescentes.

Teniendo en cuenta que las pantallas, en sus diversas modalidades, están presentes en casi todas las familias, los niños desde muy pequeños pueden tener acceso a ellas.

Como ya he comentado en otros artículos, los dispositivos en sí mismos, no son buenos, ni malos.

Todo depende del uso que se haga de ellos.

En este caso, sólo se van a abordar los problemas derivados de un uso extremadamente precoz de las pantallas; en otro contenido posterior (artículo, podcast, …) se abordarán sus utilidades, que por supuesto, las tienen.

 

 

Edad y pantallas 

Pantallas en la infancia 

El campo de las nuevas tecnologías y su efecto en la capacidad intelectual y en las funciones cognitivas del niño en general, es un ámbito que debe ser explorado aún con mayor profundidad de lo que se ha hecho hasta ahora.

Esto no quiere decir que los estudios existentes no sean válidos; la realidad es que existen unos cuantos y todos vienen a coincidir en que:

el uso de pantallas no debe introducirse antes de los 2 años

Incluso no se aconseja que durante la comida o como acompañamiento en general, la televisión esté encendida aún cuando nadie le esté haciendo caso (luego llega la factura de la electricidad y …), y el niño no se entere.

La introducción de tales dispositivos durante los 24 primeros meses disminuye y dificulta la interacción del niño con su entorno, padres, hermanos, …, lo cual puede repercutir posteriormente de modo negativo en su desarrollo y en su capacidad de aprendizaje.

En el siguiente vídeo, se explica de forma muy clara lo que conlleva el empleo de pantallas en niños pequeños.

A partir de esa edad, pueden ir introduciéndose, pero con las siguientes premisas:

  • Contenidos adaptados a la edad del niño.
  • Supervisión por parte de un adulto.
  • Finalidad el aprendizaje, no el entretenimiento.
  • El uso del móvil para que el niño esté tranquilo y coma, puede hacer que los sentidos de la criatura estén puestos en la pantalla y no en la comida.
  • Esto también puede hacer que el niño no perciba adecuadamente su nivel de saciedad, y coma más de lo que debe (la figura del comedor pasivo que se pretende evitar con el baby led weaning).

A edades superiores, las pantallas pueden usarse aunque marcando un tiempo concreto de utilización.

Dejar que el niño juegue con la tablet el tiempo que quiera, no sólo interfiere en su desarrollo neurológico, sino que también:

  • Favorece el sedentarismo, que suele ir asociado a comer alimentos poco aconsejables.
  • Afecta a su horario de descanso, de modo que el niño duerme menos de lo que necesita.

Otro punto no menos importante (sigue leyendo que esto viene después), es el riesgo adictivo que conllevan.

En el artículo “Los niños y la exposición a televisión, móviles y tablets: ¿qué dice la ciencia?”, se recoge ampliamente el resultado de diferentes estudios que han analizado el efecto de las pantallas sobre las distintas capacidades cerebrales.

Tú que me lees normalmente, sabes que siempre que puedo contrasto lo que dice la teoría con lo que ocurre en la realidad, y para ello nada mejor que mostrarte el siguiente vídeo:

Según los resultados de un estudio efectuado por investigadores de la Universidad de Otawa, puede afirmarse que más de 2 horas de tiempo recreativo con pantallas se asocia a un peor desarrollo cognitivo en los niños.

Sin embargo, en España las criaturas (estoy hasta inclusiva y todo) pasan 3,5 h/día (niños) de inactividad frente a una pantalla y las niñas 4, el doble de lo que recomienda el estudio.

Más información en el artículo “Abusar de las pantallas lastra la inteligencia de  los niños”.

Vacaciones 

Durante los períodos de asueto (Navidad, Semana Santa, verano, …) es evidente que los niños más o menos crecidos y los adolescentes, disponen de tiempo para coger sus tablets y sus teléfonos móviles y hacer lo que les plazca.

Es una obviedad (ya empezamos), que si tú tienes que ir a trabajar no te vas a llevar el móvil o la tablet del crío para que no los use.

La mejor forma de evitar muchos problemas es que los niños no te vean a ti, adulto, todo el día pendiente del móvil, sin tiempo ni siquiera para hablar con ellos.

Aquí no vale el dicho aquel: “haced lo que yo digo, pero no hagáis lo que yo hago”.

El primer móvil 

Llegados a este punto, puede decirse que apareció la “madre del borrego” y teniendo en cuenta la temática del mismo, “habemus polémica” con seguridad.

Y es que en este apartado, se abordará la edad a la que los niños tienen móvil (se entiende para su uso y disfrute propio), edad que va bajando año tras año.

Normalmente cuando los niños pasan a la ESO, muchos de ellos tienen móvil.

Lo fundamental aquí para evitar “la posterior toma de la Bastilla en versión digital”, es:

  • Establecer unos límites en el uso del móvil.
  • Saber para qué se quiere el aparatito de marras: para contactar con los amigos, estar localizable.
  • Considerar la madurez del niño y el uso que le vaya a dar al dispositivo.

Fundamental: que la decisión final sea de los adultos.

Caso aparte son los hijos de padres divorciados, los cuales por el bien del niño deberían llegar a un acuerdo en este, como en otros muchos temas.

Si esto no es posible, el niño debe tener claro cuáles son los límites que establece cada progenitor.

Más información el artículo “Comprar un móvil a un niño: a qué edad regalar un smpartphone y modelos recomendados”.

Por último (de este punto se entiende), hay una propuesta de la fundación ANAR que debe tenerse en cuenta antes de comprar el móvil: “¿Deberían firmar padres e hijos un contrato para el uso responsable del móvil?”.

 

Educar pasa usar las pantallas e internet 

Antes de que el niño tenga su propio móvil o su tablet, es fundamental que un adulto le enseñe cómo usarlo, indicándole las ventajas, pero también los riesgos que existen.

Si esta etapa no se pasa por alto, se evitarán muchos de los problemas de los que después te hablaré.

Así pues, lo primero es iniciarles en cómo utilizar internet de forma correcta.

En la siguiente presentación se indican los pasos a seguir para evitar males mayores posteriormente.

 

Las redes sociales y sus peligros 

Las redes sociales e internet en general, si bien tienen una importante función en lo que tiene que ver con facilitar el aprendizaje, no están exentas de numerosos riesgos.

Estos peligros son mayores cuando los padres o los adultos responsables, no se han tomado la molestia de guiar a los adolescentes y a los niños, en cómo efectuar un uso correcto de internet.

Los problemas incluyen desde estafas económicas, hasta males considerablemente mayores que afectan a la salud o incluso a la propia vida del usuario. Te aconsejo el artículo “¿Conoces los peligros de las redes sociales e internet para tu hijo?”.

Un reciente estudio efectuado entre 2 universidades españoles, demuestra que los adolescentes pueden sufrir varios riesgos simultáneamente.

A continuación encontrarán descritos los diferentes peligros que pueden suponer las redes sociales, y por supuesto, comportamientos o actitudes que pueden hacer sospechar a un adulto de que algo no va bien.

Ciberbullying 

También conocido como acoso por internet, es un tipo de comportamiento agresivo que se lleva a cabo mediante dispositivos tecnológicos, entre niños o adolescentes.

Las redes sociales, por sus características, son el caldo de cultivo ideal para que se lleve a cabo el acoso.

Dicho acoso busca difamar e intimidar a la víctima mediante mensajes anónimos, amenazas, coacciones, difusión de montajes comprometidos o imágenes reales de la víctima.

A veces el acosador, consigue que otra gente se una a su forma de actuar, lo que incrementa la sensación de aislamiento y soledad del afectado.

En internet, el acoso deja de tener un carácter local para adquirir una dimensión más generalizada, que puede conllevar la exclusión social de la víctima.

Cuando el acoso se lleva a cabo por internet, este puede suceder a cualquier hora y cualquier día de la semana, con independencia del lugar en el que se encuentre la víctima.

Puede sospecharse esta situación cuando la persona afectada experimente sentimientos de tristeza, ansiedad, cambios en su comportamiento alimentario, en su pauta de sueño, …, llegando en situaciones extremas incluso al suicidio.

Este fenómeno afecta, tanto a la víctima, como a su familia, lo que complica aún más la situación.

La familia del acosador también se avergüenza del comportamiento de éste y debe enfrentarse a ver qué medidas puede tomar para que ese hijo o hija se comporte como alguien “civilizado”.

Como padre, si crees que tu hijo está sufriendo ciberacoso, no dudes en buscar ayuda y denuncia a los culpables para estos asuman la responsabilidad derivada de sus actos.

Te aconsejo los siguientes artículos:

Sexting 

El sexting consiste en el envío de fotos y vídeos de contenido sexual explícito, que es tomado con el propio móvil en modo selfie.

Sobra decir que tales imágenes pueden acabar no sólo en manos de la persona a la que se la envías; éste puede publicarlas por vergüenza, enfado, …

En el siguiente vídeo, se explica ampliamente en qué consiste este fenómeno, que está calando con fuerza en adolescente e incluso niños.

Es evidente que la mejor forma de prevenir sus consecuencias es partir de unas ideas muy claras, e incluso hablarlo abiertamente con la familia.

No debería ser necesario decir (pero lo diremos), que es básico que los menores sepan que cualquier contenido en internet, puede volverse viral y es muy difícil eliminarlo posteriormente.

Informar sobre este riesgo es una tarea obligatoria, tanto para padres como para educadores.

Acceso a contenidos inapropiados

Aunque a día de hoy, algunas redes sociales como YouTube o Facebook están eliminando contenidos inapropiados de sus respectivas plataformas, la realidad es que los adolescentes pueden meterse en internet y encontrar contenidos totalmente inadecuados para ellos.

Algunos ejemplos de estos contenidos:

  • Existen grupos que fomentan desórdenes alimentarios (bulimia, anorexia, …), drogadicción y otras prácticas que atentan contra la salud.
  • Otros ofrecen material pornográfico e incluso hay redes de prostitución que buscan captar y manipular adolescentes.
  • Inclusión en grupos y colectivos extremistas, dañinos, xenófobos.
  • Estafas, ofreciendo ordenadores, tablets y móviles a precio de saldo, o bien, suscripción a servicios Premium que incrementan notablemente la factura.
  • Noticias falsas o leyendas urbanas.
  • Juegos a los que se accede a través de las redes y que incitan al suicidio. Un ejemplo ha sido el reto “la ballena azul” que provocó el suicidio de más de 130 adolescentes rusos.

En este vídeo se explica cómo funcionaba este maldito juego.

Grooming 

El grooming es otra de esas prácticas peligrosas que ocurren cuando los adolescentes no tienen conciencia de los problemas que pueden derivarse de un uso inadecuado de las redes sociales.

Es fundamental que las criaturas se conciencien de que no deben aceptar contactos con personas desconocidas, aunque esta premisa puede ser válida para un buen uso de internet en líneas generales.

En este caso particular y concreto, un adulto se hace pasar por un menor, poco a poco va intimando con la víctima, pidiéndole poco después que suba imágenes o vídeos con contenido sexual explícito.

Estos materiales pueden ser empleados por pederastas para consumo propio, explotación sexual y prostitución final, o incluso contacto con el adolescente y abuso sexual físico.

Te aconsejo que veas el siguiente vídeo para que tengas una ideas más amplia: “Grooming, el acoso ¿virtual?”.

Ludopatía 

Las redes sociales ofrecen acceso a multitud de juegos, unos con un potencial adictivo superior a otro.

En este otro vídeo se aborda esta problemática y se reseña que el acceso a juegos online no tiene que ser necesariamente adictivo, siempre y cuando las cosas se hagan “con cabeza”.

En lo referente a los juegos de azar, los cuales a día de hoy están accesibles en modo online para niños y adolescentes, pueden suponer un auténtico problema.

Ello es debido a que el señuelo que utiliza la publicidad es la posibilidad de ganar dinero de forma rápida y hacerse rico.

Por supuesto, cabe la posibilidad de entrar en una espiral donde se juega para recuperar el dinero perdido. Llegados a este punto, el aislamiento social y el fracaso escolar son más que probables.

Nomofobia 

Esta fobia ya abordada ampliamente en otro artículo del blog al que me he referido al comienzo, consiste en la ansiedad que se produce por la ausencia del móvil.

Viene favorecida por la desinhibición que caracteriza al medio digital, y que ayuda a socializar a una persona tímida, especialmente en una edad tan vulnerable como la adolescencia.

Aún a riesgo de parecer pesada te aconsejo que releas de nuevo este artículo “Nomofobia, phubbing y otros males asociados al uso de móviles”.

Selfies y problemas de autoestima 

Es un secreto a voces, que la presencia en redes implica una exposición continuada, lo que para muchos adolescentes, especialmente aquellos que pertenecen a la denominada generación Z, enganchados continuamente al móvil, implica una necesidad de aprobación constante.

Aparece así la continua revisión del número de seguidores y la tiranía del “like”. Muchos de estos adolescentes conceden más importancia al mundo digital, que al mundo real.

Ser el que mayor número de “me gustas” ha conseguido, se convierte en toda su meta.

Cuando toda o buena parte de la actividad de la persona, se centra en mostrar continuamente su vida para que otras vean lo que hace, es evidente que aflora la autoestima.

El deseo de aparecer continuamente en las redes sociales buscando la aprobación de los demás, es una forma de llenar un vacío interior.

Conseguir esa “forma de felicidad”, implica someterse a la volátil opinión de los otros, y un punto clave que conviene recordar:

en las redes sólo se ven glorias, las amarguras no se muestran

Los selfies representan el paradigma de esta situación.

Los aficionados al autorretrato, y entre ellos los adolescentes, son conscientes de que esta actividad puede influir negativamente en su autoestima, aparte de que el aspecto va a depender de cómo se haga la foto, el uso de programas de retoque, …

Incluso los selfies han hecho que más de uno se plantee someterse a una cirugía plástica, justificada o no.

En general, los selfies en redes, suelen asociarse a los siguientes problemas:

  • Sensación de menor atractivo físico.
  • Disminución de la autoestima.
  • Aumento de la ansiedad.

Por último, quizá el mayor problema de esta práctica especialmente grave en adolescentes, dada su mayor posibilidad para ser manipulados, tiene que ver con su propia seguridad.

En un intento de tomarse fotos “imposibles”, más de uno ha encontrado la muerte, como se indica en el siguiente vídeo.

Apnea del WhatsApp 

Muchos adolescentes, e incluso niños, viven continuamente pegados a su móvil.

Esto suele conducir a estar consultando de manera compulsiva aplicaciones como WhatsApp con objeto de detectar cualquier posible mensaje.

Si por la razón que sea, no se puede acceder a esa información, la ansiedad se dispara.

Depresión de Facebook 

Las redes sociales como Facebook pueden ayudar a mitigar momentos de soledad.

En una situación concreta, se puede entrar en la red, ver fotos de otros tiempos más felices y volver a sonreír de nuevo.

El problema se plantea cuando empiezan a visualizarse perfiles de otros usuarios, como forma de combatir la tristeza del presente y eludir o escapar así de la realidad.

Esta alteración tiene mucho que ver con la exposición que conllevan las redes sociales y su influencia sobre la autoestima, como ya habrás leído anteriormente.

Más información en el artículo “¿Qué es la “depresión de Facebook”?”.

 

Pantallas y adicciones 

Para abordar este último apartado, te voy a dejar una presentación, pues creo que será una forma más entretenida y amena para que te informes sobre este tema.

A modo de conclusión te aconsejo la lectura de estos artículos y el siguiente vídeo:


 

Respecto a ti, que me lees habitualmente, ya sabes: si te ha gustado, comparte en las redes sociales y deja tu comentario.

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Adela Emilia Gómez Ayala

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